EL COYOTE, EL SEÑOR Y “LAS GALLINAS”

Las Comunidades Mayas cuentan con una Cosmovisión propia que encierra una riqueza de conocimientos y sabiduría, encaminada a la construcción de un mundo en armonía y equilibrio.  

Una forma pedagógica de compartir principios y valores de esta Cosmovisión son los cuentos, que en su mayoría se transmiten de generación en generación, por vía oral.

Sin embargo, las personas mayores que saben estos cuentos, van muriendo, con lo cual se va perdiendo su sabiduría, en un mundo en que nos bombardean con mensajes de la cultura dominante.

Por lo tanto, un reto permanente es recuperar esos saberes ancestrales y difundirlos ampliamente, para que no se pierdan.

En ese ánimo, recogemos un cuento Maya Q’anjob’al compartido por un joven participante en el Encuentro “Por el Derecho a Migrar y No Migrar”, IV Encuentro Mesoamericano de Jóvenes Migrantes, desarrollado en Chnab’jul (traducido como la Cuna de la Marimba, castellanizado como Xinabajul, Huehueteango), realizado entre los días Jwe’spiky’an a B’elaj Chej ex Masat (del 18 al 22 de noviembre de 2019).

Asociación Pop No’j

EL COYOTE, EL SEÑOR Y “LAS GALLINAS”

Cuento Maya Q’anjob’al de San Juan Ixcoy, Huehuetenango

Relatado por Héctor Alejandro García Díaz

Transcripción:  Juan José Hurtado

Cuando ya la gente había ocupado las tierras de los coyotes y otros animales, los coyotes pasaban penas para encontrar su comida.  Entonces, se acercaban más a los pueblos, aldeas y caseríos procurando conseguir algo para vivir.

Un día, un señor pensó en jugarle una broma a un Coyote y deshacerse de él para siempre.  Se metió al cerro donde vivía el Coyote, llevando un costal grande consigo, donde se movía cosas.

El Señor dio con el Coyote y le habló.  Cuando el coyote estaba por huir, el Señor le dijo amablemente:  

  • Buenos días, Coyote.  No tengás miedo, no te voy a hacer nada.

Te he oído aullar triste, tal vez porque te falta comida.  Me diste lástima y pensé en traerte algo.  Así que en este costal traigo gallinas para vos.

Te las voy a dar. 

Decime cómo querés que las suelte: ¿una a una o todas de junto?

El coyote pensó qué era mejor… y después de pensarlo bien, le dijo al señor:

  • Mejor soltalas todas de junto.  Si las soltas una por una, me va a ser más fácil agarrarlas, pero si las soltas todas juntas, yo sólo me comeré las que pueda agarrar y las otras te las llevas de regreso, para que no te quedés sin nada.

El Señor hizo así; abrió el costal y salió todo lo que había adentro.  No eran gallinas, sino 8 perros sabueso que eran buenos cazadores.  Los perros se lanzaron sobre el coyote y lo mordisquearon por todas partes.

El Señor se rio de la situación que estaba viviendo el coyote.

El coyote apenas pudo escaparse de los perros, todo malherido, sangrando y se fue al monte, subiendo hasta lo más alto de un cerro, donde sólo él podía llegar.  Pensó: ¡Cómo hay gente tan mala que no entiende que todos tenemos que comer y que goza haciendo daño a los demás!

Ahora, por las noches, se escucha al Coyote aullar más triste que antes…

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