LA AFECTIVIDAD Y LA SEXUALIDAD EN EL CICLO DE LA VIDA

Yolanda Hernández Sanic

Coordinadora del Programa de Mujeres

Juan José Hurtado Paz y Paz

Director

Asociación Pop No’j

Guatemala, septiembre de 2020

Ser hombre o mujer maya es fundamentalmente una construcción social, que se va cultivando desde la familia y la comunidad, en donde ser van retomando roles que, la mayoría de las veces, son culturales, aprendidos.

Esto nos señala que los roles de hombres y mujeres son específicos de cada cultura y en diferentes momentos históricos.  Igualmente, la comprensión y práctica de la afectividad y la sexualidad se corresponde en diferentes momentos de la historia y culturas.

De manera que ser hombre o mujer Maya ha ido cambiando; era de cierta forma antes de la llegada de los invasores españoles; se modificó con la colonización y la imposición de cristianismo; tuvo cambios significativos también hace más o menos 50 años; y es diferente se vive actualmente, en un mundo neoliberal globalizado con un gran desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y comunicación.

Sin embargo, debemos tomar como base los principios y valores ancestrales para entender la comprensión profunda de la sexualidad desde la Cosmovisión Maya.

La sabiduría y prácticas desde Cosmovisión Maya se basan en la observación de las energías de la Madre Naturaleza y el Cosmos.  Es ese conocimiento a su vez el punto de partida para abordar la temática de la sexualidad y la afectividad: empezar por la comprensión de la vida de la luna y el sol; la interacción entre la lluvia (masculina, que penetra) y la tierra (femenina, que recibe la semilla y el agua, para la germinación); la vida sexual de las plantas y los animales; para así explicarnos y explicar la vida sexual de las y los seres humanos.

En ese sentido, entre esos principios ancestrales de la Cosmovisión Maya encontramos los de la dualidad y la complementariedad, la armonía y el equilibrio, la diversidad y su integración en la unidad.

Desde los Nawales, encontramos energías masculinas y femeninas, particularmente las energías del Ix (el jaguar) y el K’ej (el venado). Hay otras que conjugan lo masculino y lo femenino, o son neutras.

Ix: Es la energía femenina, fuerza, fertilidad y vigor de la Madre Naturaleza, de la Madre Tierra, que hace posible la vida de todos los seres. En el calendario Maya es un día propicio para invocar, agradecer la fecundidad, fertilidad, bondades de la tierra.

También está el Kawoq que es específicamente la energía de la Mujer, de la fertilidad y la abundancia.

K’ej: Es la energía masculina, complementaria a la femenina, que simboliza la cuatriedad y el equilibrio.

Hay otros nawales que se vinculan directamente a la sexualidad y la afectividad, como son: el Ajmaq’, el Q’anil y el Tz’i, lo cual no es de extrañar.“… es importante recordar que, en la Cosmovisión Maya, los nahuales no están separados unos de otros, sino que se interrelacionan e interactúan, complementándose, por lo que todos los nahuales se vinculan a un mismo fenómeno, de diferentes maneras.  Esto se corresponde a la perspectiva holística de la  Cosmovisión Maya.”[1]

Es decir, unos no existen sin los otros, sino que todas y todos son indispensables en la red de la vida.

Además, lo femenino encierra lo masculino y lo masculino también encierra lo femenino, en una visión holística.

Es innegable que hombres y mujeres somos distintos biológicamente, nuestros cuerpos son diferentes y esto tiene un peso importante en nuestra forma de ser, pensar, sentir y hacer. Esas diferencias biológicas nos determinan en mucho.

Sin embargo, la diferencia y la diversidad en la Cosmovisión Maya no significa desigualdad; no hay grande ni pequeño, ni inferior ni superior, sino seres distintos, complementarios, cada uno aportando desde su naturaleza al tejido de la vida y la existencia.

También la Cosmovisión Maya ancestral posee valores fundamentales[2] que se deben practicar en la convivencia, como son:

  • Dignidad entendida como el sentido de valer, la autoestima y que todos/as somos merecedores/as de derechos. Todas y todos tenemos nuestro uk’ux, nuestra energía vital que define lo que somos, nuestra palpitación, nuestra esencia, el “corazón”, que nos hace merecedores de reconocimiento y respeto.
  • Respeto entendido como una actitud hacia todo, hacia el Cosmos, la Madre Naturaleza y los seres humanos.  El respeto es también una base para la construcción de relaciones de confianza.
  • Reciprocidad entendida como la corresponsabilidad y solidaridad, el saber dar y saber recibir, en equilibrio.
  • Equilibrio y armonía entre hombres y mujeres (equidad de género)como un valor que implica el respeto hacia la participación de las mujeres y los hombres y el protagonismo de las mujeres.
  • Equidad generacional, como valor que reconoce y promueve la participación de abuelos y abuelas, adultas y adultos, jóvenes (mujeres y hombres), niñas y niños.
  • Sencillez significa estar abierto a aprender de los demás, no actuar desde una posición de poder vertical y reconocer que nuestra contribución es una entre muchas.
  • Responsabilidad y compromiso,asumiendo cada quien las consecuencias de lo que hace o deja de hacer.
  • Bienestar desde la Identidad entendido como el Buen Vivir, que promueve la equidad, la vida digna, que satisface necesidades materiales y espirituales, de manera personal y colectiva, sustentada en una cultura y forma de entender y vivir el mundo propio.

La sexualidad es la energía de donde emerge la vida. Su sentido es la búsqueda de la plenitud, en equilibrio y armonía. La sexualidad es una energía de bienestar, de gozo, de aprecio y belleza. La sexualidad es toda la fuerza creadora, vital, saludable, que tiene el ser humano para desenvolverse en la vida.

La sexualidad nos atraviesa a lo largo de toda la vida, desde que nacemos hasta que trascendemos a otra dimensión. Es una energía poderosa, que es comunicación, permite la existencia y la integración plena de personas.

La afectividad y la sexualidad son aspectos fundamentales para el desarrollo de la vida personal y colectiva.  Son necesidades humanas. 

En otros Pueblos Originarios, la sexualidad es vista también como una energía sanadora.

Desde la Cosmovisión Maya, la sexualidad en una relación afectiva es encontrar y encauzar la energía de dualidad y complementariedad. Es una comunicación de energías.

Como toda energía, debe cuidarse y equilibrarse, llevarse con responsabilidad.

Hasta donde se conoce, antes de la invasión, la sexualidad se vivía de una manera más natural. Por ejemplo, los senos de una mujer no eran vistos con morbosidad y aún a la fecha, en algunos lugares calurosos, las mujeres, cuando se encuentran en su casa, dejan su torso al descubierto. Asimismo, las mujeres acostumbraban bañarse en el río sin ropa que tapara los senos.

La familia completa se bañaba sin ropa en el tuj (temascal), el cual cumple además funciones terapéuticas, de sanación.

Sin embargo, la sexualidad, como toda energía, encierra dualidad, y así como puede ser una forma de vivir a plenitud, también puede ser utilizada con fines destructivos.  No por gusto, durante la invasión y colonización se realizó la violación de las mujeres Mayas por parte de los soldados españoles, con múltiples propósitos, pero especialmente para destruir la moral de los Pueblos que estaban siendo invadidos y sometidos.

Además, tampoco debemos idealizar la vida cotidiana en las comunidades.  En todos los Pueblos, de hecho, siempre hay una brecha entre los ideales y la práctica, que debe procurarse que sea la menos posible; un reto permanente es la coherencia. 

Pero además 500 años de colonización, opresión y dominación han trastocado mucho de la cultura de los pueblos originarios. De manera que hay prácticas exacerbadas de machismo, de dominación y sumisión hacia las mujeres, que hay que cambiar.

Fue la Religión Católica impuesta por los invasores la que enseñó que el cuerpo y el sexo eran “pecados”. Condenó cualquier práctica sexual que no fuera la heterosexual y con fines de procreación.

En la actualidad, la sexualidad es un tema tabú para la mayor parte de la población en general y lo es también para la población Maya, especialmente como consecuencia de la influencia religiosa, que trastocó la forma de pensar, sus normas sociales y el orden moral de los pueblos originarios.  La imposición religiosa que acompañó la colonización, que es parte de la dominación ideológica con que se sometió a los pueblos originarios, fue clave para sustentar al sistema económico y social en que vivimos.

Con ello se fortaleció el patriarcado y se condenó la sexualidad, especialmente para las mujeres.

Sin embargo, debemos cambiar las cosas.

Para los Pueblos Originarios, la liberación pasa por la descolonización, que significa desaprender la ideología impuesta y retomar nuestros conocimientos y saberes ancestrales.

En lo concreto, debemos promover la educación sexual integral con pertinencia cultural y de acuerdo a las edades de las personas.

Debemos comenzar por hablar en casa de manera natural, sobre la sexualidad, llamando las partes de nuestros cuerpos con los nombres apropiados y no con apodos.

Debemos enseñar que nuestros cuerpos nos pertenecen, son sagrados y deben ser respetados; que tenemos derecho a decidir sobre ellos. Nuestros cuerpos son loq’olaj, entendiendo que tienen dignidad, merecen respeto, deben ser apreciados, valorados, cuidados, protegidos y venerados.

La educación sexual integral no se limita a explicar desde una perspectiva fisiológica o biológica las partes del cuerpo, su funcionamiento y su papel en la procreación, así como formas de evitar embarazos no deseados, sino también a enseñar valores de respeto, cuidado y responsabilidad, asumiendo cada uno de nuestros actos o lo que dejamos de hacer.

Desde Pop No’j, estamos trabajando también en la prevención del abuso sexual infantil, con niños y niñas incluso pre-escolares, fortaleciendo su autoestima y el conocimiento de sus cuerpos, enseñándoles reglas básicas para su cuidado y protección.


[1] Tomado de la introducción a la tercera edición del texto “Todas y Todos somos Ajmaq. Reflexiones sobre las Relaciones Afectivas, la Sexualidad y el VIH desde Perspectivas Mayas” (Pop No’j:2015)

[2] Tomado del Plan Estratégico Institucional de Pop No’j 2014-2019

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